sábado, 17 de octubre de 2009

Unidad VII "Las Cuatro Reglas de Adam Smith"

LECCIÓN VII
CUATRO REGLAS DE ADAM SMITH

ADAM SMITH

Bibliografía

(Kirkcaldy, Gran Bretaña, 1723 - Edimburgo, id., 1790) Economista escocés. Hijo de un interventor de aduanas, a la edad de catorce años ingresó en la Universidad de Glasgow, donde fue discípulo de Francis Hutcheson, profesor de filosofía moral. Graduado en 1740, ganó una beca en el Balliol College de Oxford, en el que adquirió formación en filosofía. Ejerció la docencia en Edimburgo, y a partir de 1751, en Glasgow, como profesor de lógica y filosofía moral. En 1759 publicó Teoría de los sentimientos morales, obra profundamente influida por el utilitarismo de Bentham y Mill en la que describía la formación de los juicios morales en el marco de un «orden natural» de ámbito social, y sobre cuyos principios basaría su posterior liberalismo económico.
Smith veía en el comportamiento humano la presencia de una dualidad entre razón e impulsos pasionales. La naturaleza humana, individualista y racional al mismo tiempo, empuja al hombre tanto al enfrentamiento como a la creación de instituciones destinadas a la consecución del bien común. Expuso además la creencia en una «mano invisible» armonizadora de los intereses individuales en el marco de la actividad colectiva.
En 1763 abandonó Glasgow y aceptó (por recomendación de David Hume) un empleo en Francia como preceptor del joven duque de Buccleuch, hijastro del canciller del Exchequer Charles Townshend. En Francia conoció a Turgot, Quesnay y otros economistas fisiócratas y enciclopedistas de la época. Residió principalmente en Toulouse y París, ciudad desde la que tuvo que regresar a Londres debido al asesinato del hermano del duque de Buccleuch. En el curso de una corta estancia en Ginebra conoció a Voltaire.
En Francia inició la redacción de su obra más importante, la Investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones (An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations), dividida en cinco libros, que terminó de escribir durante seis años en su pueblo natal de Kirkcaldy, cerca de Edimburgo, y publicó después de una estancia de tres años en Londres, en 1776.
Su principal aportación teórica es el análisis del mecanismo mediante el cual el libre juego de mercado (tanto escala interna como en las relaciones comerciales con otros países) entre los diversos sectores de la economía genera el máximo beneficio económico del conjunto. Como consecuencia, se mostró siempre contrario a cualquier intervención o regulación de la actividad económica, reduciendo el papel del Estado al de garante de las reglas del juego.
Se opuso al mercantilismo al considerar la riqueza de una nación como la producción anual de bienes y servicios («las cosas necesarias y útiles para la vida»), en lugar de las reservas de metales preciosos, y a la escuela fisiócrata al descartar la tierra como el origen de toda riqueza y proponer en su lugar el factor trabajo. A este respecto, Smith incidió en la especialización como el determinante de la capacidad de una sociedad para aumentar su productividad, y en consecuencia, su crecimiento económico.
Estableció una teoría del valor de un bien que distinguía entre su valor de cambio (capacidad de ser intercambiado por otros bienes) y su valor de uso (utilidad que aporta). Con respecto al valor de cambio, su medida era el trabajo útil incorporado en su obtención; es decir, que una mercancía tiene un precio natural determinado por el coste de producción medido en trabajo, y un precio de mercado. En situación de libre competencia, este último convergería hacia el primero.
Adam Smith completó su análisis con una teoría sobre la distribución de la renta que distinguía entre tres categorías de rentas (salarios, beneficios del capitalista y rentas de la tierra), para sostener a continuación que los salarios eran fijados por las leyes de la oferta y la demanda, aunque reconoció la existencia de un valor mínimo de subsistencia por debajo del cual ya no podían descender.


EL PENSAMIENTO DE ADAM SMITH

Adam Smith es el autor de “la riqueza de las naciones”, obra convencionalmente considerada como la partida de nacimiento de la ciencia económica y que dio lugar a la llamada escuela clásica de economía con figuras como Malthus, Ricardo, Mill e incluso Marx.
Smith fue esencialmente un universitario y un estudioso, además de economista, al principio fue un conocido profesor de moral, lo que se reflejará en su obra posterior.
Smith será caracterizado como el profeta del capitalismo salvaje y cruel, pero él mismo se ofendería ante semejante descripción, porque después de todo era un profesor de moral que se preocupó siempre por las reglas que limitan la conducta humana. Según Smith no nos precipitamos hacia el individualismo egoísta porque nos lo impide la presencia de lazos sociales, familiares, de amistad, de vecindad... Y de la mezcla ponderada de simpatía y atención por los demás y por amor propio. Las reglas morales y legales hacen posible, que individuos interesados principalmente en si mismos puedan convivir en una sociedad ordenada.
Llegamos así al concepto más célebre introducido por Smith: “La mano invisible”, es sin duda la metáfora más célebre de la historia de la economía, y es el punto de partida del liberalismo defendido por Smith y caracterizado por la consigna francesa Laissez faire (dejar hacer) que defendía la capacidad del mercado para autoregularse, el Laissez faire agrupa a teorías liberales de distintos grados de intervención.
En el libro IV de la riqueza se presenta un argumento sencillo a favor del libre comercio. Nunca puede convenir a un individuo producir por sí mismo lo que puede comprar más barato a otro individuo, y “lo que es prudencia en la conducta de cada familia privada no puede ser imprudencia en el caso de un gran reino”. Smith recurre a la poderosa motivación del egoísmo para demostrar que el bienestar general se promueve mejor eliminando todas las restricciones a la importación y la exportación. “Persiguiendo sólo su propio bien, los hombres son llevados por una mano invisible hacia la promoción de fines sociales”. El tema central que inspira la riqueza de las naciones es el funcionamiento de esta mano invisible, no debemos nuestro pan a la benevolencia del panadero sino a su egoísmo. Smith había percibido la consideración llena de implicaciones de que bajo ciertos arreglos sociales que ahora consideraríamos como una competencia funcional, los intereses privados se armonizan con los intereses sociales. Sin una regulación colectiva o un designio singular, una economía de mercado se conforma a las reglas de un comportamiento ordenado. Cada individuo siendo uno entre muchos, puede ejercer solo una influencia insignificante sobre la situación total del mercado. En efecto, dicho individuo toma los precios como dados y solo tiene libertad para variar la cantidad comprada o vendida (Impulsado por la motivación de maximizar su propia ganancia). Pero la suma de todas estas acciones separadas determina los precios, los precios mismos están gobernados por la suma total de las reacciones individuales. La mano invisible del mercado asegura en esta forma un resultado social independiente de la voluntad y la intención individuales.
La tesis básica es que el interés de la comunidad es simplemente la suma de los intereses de los miembros que la componen; Cada hombre, abandonado a sus fuerzas tratara de maximizar su propia riqueza , por lo tanto, todos los hombres maximizarán la riqueza agregada de la nación si no se ven obstruidos. Ha surgido la leyenda de que toda “la riqueza de las naciones” descansa en esta clase de razonamiento ingenuo, la llamada doctrina de “La armonía de los intereses privados y la eficiencia económica“ resulta ser idéntica al concepto de competencia perfecta; la mano invisible no es más que el mecanismo de equilibrio automático del mercado competitivo.
No se puede dudar que la competencia perfecta tenga características de optimización, por primitivo que sea el argumento, Smith ya había demostrado que la competencia, al igualar las tasas de rendimiento y eliminar los excedentes , conduce a una asignación optima de mano de obra y capital (Estos resultados automáticos del mercado tienen características claras de optimización),esta es solo una forma de demostrar que la competencia maximizar el bienestar, pero basta para exonerar a Smith de la acusación de filosofar ingenuamente.
El prejuicio de que toda acción motivada por la ganancia privada debía ser antisocial (solo por el hecho de ser promovida por el interés particular) era muy popular en el siglo XVIII; Smith se encargo de cambiar la carga de la prueba y crear la presunción de que la competencia atomizada y descentralizada, genera en algún sentido “ satisfacciones máximas; Todo ello parece descansar a veces en la noción de adicción aritmética de las satisfacciones individuales, se introduce así de este modo el llamado sistema de libertad natural .
Sin embargo se pueden considerar en el sistema de la libertad natural algunos defectos como por ejemplo los conflictos de intereses o los casos en que la búsqueda de la ganancia privada conduce a resultados indeseables.
Para introducir el concepto de liberalismo de Adam Smith diremos que, según el pensador, cada quien maximiza sus propias satisfacciones cuando se le permite actuar libremente, por lo tanto, el “Laissez Faire” maximizará las satisfacciones de toda la comunidad.
La fe de Smith en los beneficios de la mano invisible, descansaba, en escasa medida, en condiciones estáticas de eficiencia de la asignación; acusado con frecuencia de “Harmonielbre” (Doctrina vulgar de la armonía espontánea de los intereses), Smith parece estar subrayando eternamente que la poderosa motivación del egoísmo solo se une a la causa del bienestar general bajo arreglos institucionales bien definidos.
Smith considera la completa libertad de comercio como un sueño utópico, algo que no se puede alcanzar a la vista de los intereses de los fabricantes, y en el libro IV Capítulo IX Smith afirma: “El sencillo y obvio sistema de la libertad natural se impone por sus propios méritos. Toda persona, en tanto que no viole las leyes de la justicia, queda en perfecta libertad para perseguir su propio interés a su manera y para conducir su trabajo y su capital hacia la competencia con otra persona o clase de personas. El soberano queda absolutamente exento de un deber tal que al intentar cumplirlo se expondría a innumerables confusiones, y para cuyo correcto cumplimiento ninguna sabiduría o conocimiento humano podrán jamás ser suficientes: El deber de vigilar la actividad de los individuos y dirigirla hacia las labores que más convienen al interés de la sociedad” y otorga al Estado tres deberes fundamentales: “El soberano solo tiene tres deberes que cumplir, tres deberes de sobresaliente importancia pero que están al alcance y comprensión de una inteligencia corriente. Primero, el deber de proteger a la sociedad de la violencia e invasión de otras sociedades independientes. Segundo, el deber de proteger, en cuanto sea posible, a cada miembro de la sociedad frente a la injusticia y opresión de cualquier otro miembro de la misma, o el deber de establecer una exacta administración de la justicia. Y tercero, el deber de edificar y mantener ciertas obras públicas y ciertas instituciones públicas que jamás será del interés de ningún individuo, o pequeño número de individuos, el edificar y mantener, puesto que el beneficio nunca podría reponer el coste que representarían para una persona, o un reducido número de personas, aunque frecuentemente lo reponen con creces para una sociedad”. Para Smith estos tres deberes suponían un coste para el Estado, que debía corresponderse con un ingreso, dedicándole una parte de su obra a averiguar cuales son los diversos métodos a través de los cuales puede hacerse que toda la sociedad contribuya a sufragar estos gastos.
Como habría de decir más tarde A.Pigou: “Los costos privados de las obras públicas pueden superar ampliamente a los costos sociales, debido a la presencia de economías externas que no pueden cobrarse a los inversionistas privados. La presencia de efectos externos en la producción y el consumo constituye la fuente principal de la incapacidad de la competencia perfecta para alcanzar el óptimo”. El todo ya no es la mera suma aritmética de las partes individuales.
Adam Smith no vio así las cosas, pero al mismo tiempo parece enteramente consciente de que el “Laissez Faire” crea solamente una presunción o guión para el bienestar social máximo; No un programa completo para su realización.
Smith no se conformó con sostener que una economía de mercado libre asegura el mejor de los mundos posibles. Estaba muy preocupado por la especificación de la estructura institucional exacta que garantizaría la operación benéfica de las fuerzas del Estado (que posteriormente habrían de basar sus actuaciones en el cumplimiento de los tres deberes anteriormente citados).
Sus referencias clínicas a la fuerza de los intereses de clase y de la ideología (la falsa conciencia) que esgrimen las diversas clases sociales en la lucha por la supremacía económica y política, demuestran su conocimiento de que el egoísmo puede promover o impedir, con la misma probabilidad, el bienestar público.
El vigoroso ataque lanzado por Smith contra las políticas mercantilistas revela un cuadro de estricta interferencia gubernamental con el desarrollo industrial en el Siglo XVIII, pero en realidad la mayoría de los estatutos mercantilistas se habían vuelto letra muerta en 1776, y por supuesto no existían las leyes fabriles, las regulaciones sanitarias, el impuesto al ingreso, o los pesados subsidios para los pobres, que hubo de soportar el “Laissez Faire” del Siglo XIX, en muchos sentidos, la política de no-intervención en la actividad industrial estaba en operación mucho antes de Adam Smith, y sus ataques habrían sido más pertinentes en el Siglo XVI que en el XVIII; esto explica porqué el libro no tuvo mucha influencia sobre el curso de la política pública inglesa. La barrera arancelaria solo se redujo sustancialmente en el decenio de 1820, la ley de asentamientos en 1834 y la Compañía de las Indias Orientales sobrevivió hasta el decenio de 1850.

Bibliografía Consultada.

1.http://www.biografiasyvidas.com/biografia/s/smith_adam.htm

2.LIBERALISMO: Adam Smith. Economía. Ciencia económica. Comunidad: intereses. Competencia.Sociedad. Libertad natural. http://html.rincondelvago.com/liberalismo_adam-smith.html


Primera Regla.
IGUALDAD, CAPACIDAD O JUSTICIA:


Los ciudadanos de un Estado deben contribuir a mantener el Gobierno lo más posible en proporción de la renta de que ellos gozan, bajo la protección del Estado.
Los gastos del Gobierno son respecto de los individuos de una gran nación como los gastos de Administración en relación con los propietarios de un gran dominio, los cuales están todos obligados a contribuir a tales gastos en proporción de los intereses que ellos tienen respectivamente en aquel dominio. (1)

El moderno principio de la igualdad tributaria, tomado como base la capacidad contributiva de las personas, tiene su antecedente es esta máxima. (2)


Segunda Regla.
CERTEZA:


El impuesto (o la parte del impuesto) que cada ciudadano está obligado a pagar debe ser cierto y no arbitrario. La fecha del pago, el modo, la suma a pagar, todo debe ser claro y preciso, tanto para el contribuyente como para cualquier otra persona.(1)

Agrega a este respecto: “la certeza de lo que cada individuo tiene obligación de pagar es cuestión de tanta importancia, a nuestro modo de ver, que aun una desigualdad considerable en el modo de contribuir, no acarrea un mal tan grande -según experiencia de muchas naciones- como la más leve incertidumbre en lo que se ha de pagar”. (2)


Tercera Regla.
COMODIDAD:


Todo impuesto debe ser percibido el día y modo que se puede presumir y afirmar ser lo más cómodos para el contribuyente. (1)

Comenta sobre esta máxima: “un impuesto sobre la renta de la tierra o de las casas, pagadero en el momento que el dueño las cobra, se percibe con la mayor comodidad para el contribuyente, pues se supone que en esa época se halla en mejores condiciones de satisfacerlo”. (2)


Cuarta Regla.
ECONOMÍA:


Todo impuesto debe ser percibido de manera a sacar de las manos del pueblo la más pequeña suma posible de la que debe entrar en el Tesoro, de manera también que el dinero del pueblo sea retenido el menor tiempo posible antes de su entrada en el Tesoro. (1)

Esta máxima tiene amplia aplicación, principalmente en una buena administración fiscal, en el sentido de que le costo de percibir los tributos no resulte antieconómico por el excesivo gasto que absorbe la burocracia fiscal al recaudar los tributos. (2)

A estas enunciaciones es conveniente citar otras reglas relativas a los impuestos y que han sido señaladas por algunos autores: Sismondi, Garnier, Store, Wagner:
a. que los impuestos no deben nunca deprimir la producción;
b. hay que abolir o disminuir los impuestos que tiendan a reducir el consumo;
c. el impuesto debe siempre tener una función esencialmente fiscal;
d. es bueno evitar el contacto de los agentes del Fisco con los contribuyentes;
e. el impuesto debe ser elástico, bastar a las necesidades a que está destinado y a ofrecer al mismo tiempo una posibilidad de aumento. (1)




Bibliografía Consultada.

1. FINANZAS PÚBLICAS, Luis Sosa Centurión, Walter Zalazar Marchuk y Marco Caballero Giret, Edit. Intercontinental, 2008.-

2. FINANZAS Y DERECHO FINANCIERO, Manuel Peña Villamil, Edit. Litocolor S.R.L, 2006.-




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